Las crisis pueden ser nuestras aliadas aunque nos hagan sufrir, porque siempre representan la oportunidad de tomar conciencia de la vida que llevamos y de reflexionar acerca de los cambios que pudiéramos hacer para mejorarla. Es importante atrevernos a enfrentarlas en lugar de evadirlas, creyendo que se resolverán por sí solas porque, en ese caso, lo que pasará será que se agravarán y terminarán haciéndonos pasar un mal rato.
Los cambios no esperados como la pérdida del trabajo o una ruptura sentimental pueden convertirse en una tormenta.
