Cuantas veces nos preguntamos porque somos, que venimos a realizar a este “paraíso” mundano y porque no nos salen las cosas como deberían ser a nuestro gusto… La pregunta es siempre la misma, la respuesta igual, no tenemos un resultado positivo al referirnos a un mundo real o ficticio que nos envuelve y consume como gotas en el desierto. Es que la realidad que nos rodea no contiene una respuesta factible o palpable sobre lo que nos comunica el mundo alrededor. No sabemos respetar este “tiempo” porque no lo conocemos. ¿Si supiéramos cuánto nos queda aquí seriamos mejor?

Si controláramos realmente el poder de elegir un camino más despistado a la realidad que nos rodea seriamos otro yo. Cuantos errores podríamos corregir si en esta vida se nos diera un borrador virtual que desapareciera todo lo incorrecto que tomamos entre nuestras manos, sería un abuso de poder el pensar que nuestro presente y futuro están controlados por nuestras propias decisiones erradas o no. Seriamos la misma persona si en nuestra carrera por sobrevivir ya no importase mas el seguir a ciegas hacia delante, porque tendríamos el tiempo futuro bajo nuestro manejo indiscriminado sin supuestos errores.
Las preguntas del yo estarían en un baúl de recuerdos porque no dependeríamos de la circunstancias sino de nuestra propia todopoderosa decisión. Quizás la pregunta es realmente si estamos contentos con nuestras propias realidades, lo que tenemos o lo que hemos alcanzado en un corto o largo periodo terrenal, aunque lleguemos a nuestras metas, el vació puede estar al final del camino, en forma de vejez, derrota o invalidez física.
Ni los mismos genios que han pasado por la historia dejaron una respuesta al porque del todo. Cuantos filósofos, sicólogos, teólogos, y demás conocedores no han respondido a su propia realidad, ingenuos solitarios de su Yo. Más bien se han creado límites en lo que se puede pensar y lo que no se puede tocar. Hemos sido participes de una acumulación de conocimientos a través del tiempo de la humanidad, podemos controlar el fuego pero no hemos ni creado los componentes que lo generan. Somos simples espectadores y no “constructores” de entorno, somos cuerpos convertidos en cárceles que nos atan a esta vida sin derecho a reclamar o devolver la factura al creador.
No hay que ser en verdad un enfermo del optimismo para visualizar nuestro paso por este mundo como una realidad-atadura, pero si hay que pensar que mientras no encontremos la respuesta al Yo existencial seguiremos siendo las marionetas de un mundo con una única salida…dejar de existir mi propio Yo.
Comentarios
Un Trackback